talleres para padres

LIDERAZGO PARA PADRES

El liderazgo para padres parte de la idea de que para dirigir a una familia hace falta comprenderla y para ello es necesario aprender a comprender, para luego ser comprendidos, si queremos cambiar una situación, debemos cambiar nosotros mismos, para poder cambiar efectivamente, debemos primero cambiar nuestras percepciones.

La mayoría de los padres actúan con paradigmas, que pueden clasificarse en dos categorías principales: del modo en que son las cosas, o realidades, y del modo en que deberían ser, o valores. Con esos mapas mentales interpretamos todo lo que experimentamos. Pocas veces cuestionamos su exactitud; por lo general ni siquiera tenemos conciencia de que existen.

Para relacionarnos efectivamente con otras personas, debemos aprender a escuchar. Y esto requiere control emocional. El escuchar requiere tener cualidades del carácter altamente desarrolladas tales como paciencia, estar abiertos al cambio y críticas y desear comprender. Es importante y efectivo actuar desde un nivel emocional bajo, dar consejos y dirigir en altos niveles.

Es fundamental empezar por las personas, por la parte más interior de esta, los paradigmas, el carácter y los motivos. Un enfoque desde el interior hacia el exterior pretende lograr lo que Stephen Covey denomina victoria privada precedente a la victoria  pública.

     En términos más precisos un liderazgo para padres  debe enfocarse en el cumplimiento de las promesas, y mantenerlas hasta conseguir su objetivo, es decir, no engañar bajo ninguna circunstancia a los hijos.

Aquellos padres de familia  deben poner la personalidad ante el carácter, tratar de mejorar las relaciones con los otros miembros de la familia y  mejorarse así mismos.

     De adentro hacia afuera es un proceso, un continuo proceso de renovación basado en las leyes naturales que gobiernan el crecimiento y el progreso humano.

Es como lo enfoca Stephen Covey una espiral ascendente de crecimiento que conduce a formas progresivamente superiores de independencia responsable e interdependencia efectiva.

     La dependencia es el paradigma del tú: tú cuidas de mí, tú haces o no haces lo que debes hacer por mí; yo te culpo a ti por los resultados. La independencia es el paradigma del yo: yo puedo hacerlo, yo soy responsable, yo me basto a mí mismo, yo puedo elegir. La interdependencia es el paradigma de nosotros: nosotros podemos hacerlo, nosotros podemos cooperar, nosotros podemos combinar nuestros talentos y aptitudes para crear juntos algo más importante.

      Ningun padre puede dirigir a sus hijos si no  se sabe autoconducir, no pueden vivir en el cambio si en su interior no persiste un núcleo invariable. La clave de la capacidad para cambiar es una idea constante de lo que uno es, de lo que persigue y de lo que valora.

     Las personas efectivas no se orientan hacia los problemas, sino hacia las oportunidades. Producen oportunidades nada es un problema, nada es imposible todo es soluble. El problema está en el como enfoquemos en “el problema”.

Se necesita mucha fuerza de carácter para admitir errores y disculparse con rapidez, de todo corazón y no de mala gana. Para disculparse auténticamente es necesario ser dueño de uno mismo y tener una seguridad profunda respecto de los principios y valores fundamentales.

     Existen leyes que condicionan el comportamiento humano, de igual forma existe la ética del carácter, la cual gobierna la efectividad humana.

“NADIE RECOGE UNA SIEMBRA SIN SEMBRAR PRIMERO, NADIE TIENE ÉXITO SIN CULTIVARLO, NADIE PUEDE DIRIGIR SIN AUTODIRIGIRSE”

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