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LAS 5 “C” PARA EDUCAR CON HÁBITOS Y AMOR

Las 5 “C” PARA EDUCAR CON HÁBITOS Y AMOR hace referencia a las pautas para una educación basada en el amor y el respeto que va acompañada de hábitos, los cuales son formados por los padres, para ello es necesario que se tenga presente las necesidades del niño, las capacidades, autonomía y disposición de enseñar con amor, esto es muy importante que lo tengamos los padres claros.

Formar un hábito lleva tiempo y dedicación, si nuestras emociones no están bien gestionadas, nuestro tiempo no es suficiente para enseñar y dedicar espacios de calidad es mejor postergar la enseñanza antes de empezar el método y abandonar.

La disciplina positiva plantea educar con amor y respeto, siempre confiando y respetando las capacidades y características del niño, este mensaje es primordial a la hora de que queramos implantar hábitos en la vida de nuestros niños, los hábitos son beneficiosos para todos, se traducen en tranquilidad, seguridad, armonía y autonomía pero no podemos forzar a un niño de 3 años para que tenga el hábito de estudiar y hacer deberes solo durante una hora.

Rudolf Dreikus planteaba que un niño mal portado hablando literalmente era un niño consternado  que necesitaba ayuda, conocimiento y atención, no se malinterprete atención con ceder a sus exigencias sin conocer la causa de la demanda. Él enfatizó que los adultos en este caso los padres, deben aprender a ayudar a los niños para que sean capaces de enfrentar retos y dificultades en la vida.

Esto se enseña creando hábitos, estableciendo  límites con amor, practicando una comunicación asertiva y con acuerdos ganar – ganar, hay quienes piensan que todo esto es teoría, suerte o que los niños resolutivos, tranquilos o lo que socialmente llama la gente “buenos” nacen así, pero no es, los hacen así sus padres, se forman en una institución que es la familia con la modelación de comportamientos y enseñanza continua.

Ya os he comentado en otros artículos, que muchas veces cuando queremos enseñar algo y no lo sabemos tenemos que buscar ayuda, como se hace para enseñar a nadar, a patinar o jugar al futbol, pues bien con los hábitos y formación pasa igual si no lo tenemos y queremos inculcarlo hay dos caminos, uno sería aprenderlo primero, y enseñarlo después y el otro es buscar a otra persona que nos oriente y ayude.

Sea cual sea el camino para el desarrollo de los hábitos existe lo que yo llamo las 5 “C” para educar con hábitos y amor:

  1. Comprobar. Debemos verificar que el niño está preparado para adquirir el hábito que queremos enseñar, por ejemplo a un niño de 6 meses que está empezando con su alimentación complementaria no le podemos inculcar el hábito de comer solo. Porque no lo aprendería, le cogería miedo y desarrollaría la frustración. Pero a un niño de 2 años con una motricidad fina adecuada y una autonomía acorde a la edad si se le puede empezar a entrenar para que adquiera habilidad y pueda aprender el hábito.

Comprobar se refiere a  no suponer que el niño está preparado, hay que hacer pruebas para estar consciente de la situación actual e imaginarnos las situaciones futuras, las barreras que se pueden presentar y como las podemos superar. Suele pasar con las madres cuando le quieren quitar el pañal al niño asumen que es el momento muchas veces solo porque es verano o porque tiene la edad y resulta que se consiguen con muchos días de intento y frustración, comparan y se frustran porque otros en 1 semana lo han dejado sin problema, aquí os digo la falla no es del niño ni del método que se aplique, es de la falta de comprobación y verificación.

Confío en que papis y mamis entiendan la importancia de esta primera “C” para evitar tiempo mal invertido, frustraciones y crear una falsa conciencia en el niño que se traduce en pensamientos de: negación, no me gusta, no lo quiero, eso es tan difícil.

  1. Conocer. Hay que permitirle al niño que explore los diferentes escenarios relacionados con el hábito que queremos implantar, por ejemplo si le quitamos el pañal, debemos dejarlo que explore el vasito, la tasa del váter, en compañía, solo y así él va conociendo los escenarios, si lo que queremos es que obtenga el hábito de estudio solo lo podemos dejar un par de días que pruebe estudiando en la mañana o en la tarde, o que él proponga la hora en la que desea hacerlo.

Es importante para que los niños adquieran autonomía que conozcan bien lo que hacen y donde lo hacen, de esta manera si se presenta un imprevisto podrán resolverlo y superar la frustración.

En esta etapa propongo un ejercicio a los padres, consiste en que se imaginen a ellos con el hábito que tienen que aprender sus hijos y digan ¿Qué ven?, ¿Qué les gustaría hacer?, ¿Cómo les gustaría aprenderlo?, ¿Qué quisieran conocer de ese hábito? Y una vez concluido esto lo trasladen a sus hijos. Cuando decidimos porque nuestro hijo está preparado para ese hábito, debemos conversar días antes, explicarle, dejar que se involucre que pregunte, mostrarle como lo hacen otros niños, que se familiaricen y demanden también su aprendizaje, a esto le llamo obtener motivación.

  1. Cooperar. No se entiende muchas veces este término y se suele confundir con dirigir y es una invitación que debemos hacerle, una vez que el niño acepte, nuestro trabajo es acompañarlo hasta que desarrolle el mismo. Por ejemplo queremos que estudie solo, pues le damos herramientas y técnicas que le proporcionen seguridad al momento de estudiar, le comunicamos que estamos a su orden para preguntas e inquietudes al final del tiempo de estudio.

Los niños siempre están pensando y si ellos llegan a percibir en la creación del hábito que están solos, que es su responsabilidad y que nadie los acompaña, se frustran, caen en estrés y adoptan posturas y comportamientos inapropiados como: se sienten molestos, irritables, desafiantes, amenazados, derrotados, lastimados, disgustados, inútiles o perdidos.

Es por esto que nuestra labor es darles seguridad y apoyo, es decir, cooperar con ellos, sin hacer el hábito nuestro. Yo cometí el error con el hijo menor de mi esposo en que le creé el hábito o el mal hábito de estudiar con él, así hicimos toda la primaria, sus calificaciones siempre eran de notable y sobresaliente, cuando llegaba la hora de estudiar nunca ponía peros, cuando se fue al instituto ya no quiso estudiar, sus calificaciones son muy bajas y no repunta si no llego yo a estudiar con él. Los resultados lo dicen por si solos, no se le enseño el hábito ni se le dio la autonomía, ahora a sus 14 años es complejo, aunque no imposible, pero el error ha sido de parte nuestra a la hora de implantar un método. Y créanme hay infinidad de casos así. Por eso os cuento esto porque hay que tomar los errores como nuevas oportunidades.

  1. Celebrar. La mayoría de los padres deciden el hábito, acompañan un par de veces y se sientan a esperar que el niño lo logre y ya está, trabajo logrado, hay situaciones en las que si puede ocurrir esto sin mayor esfuerzo pero en un porcentaje alto NO, porque los niños son niños, tienen pensamientos concretos su cerebro no está totalmente desarrollado y las habilidades y destrezas se van adquiriendo con la práctica.

Cuando un niño logre por ejemplo estudiar solo su primer tema, prepararlo y tener un examen de control y sacarlo con resultados satisfactorios según sus capacidades porque no todos son de sobresalientes, es el momento de celebrarlo, y aquí podemos entrar en discusión porque hay quienes están de acuerdo con premiar, otros en no reconocer porque es su trabajo, yo particularmente hago y propongo celebrar con una frase bonita: “que orgullosa estoy de ti, sabía que lo lograrías”, “ven tomemos un pastel, esto es un gran motivo”, “has hecho un buen trabajo, quieres un pastel”, las celebraciones no deben ser ni costosas ni gastarse tiempo ni dinero excesivo.

  1. Consideración. Se enfoca en las relaciones ganar – ganar, partimos de una horizontalidad para  nuestras relaciones, nos basamos en que una vez está el hábito implantado pueden ocurrir fallos, por ejemplo el niño que estudió solo, preparo el tema pero no le salió bien el resultado, aquí lejos de juzgar, castigar o presionar debemos apoyar para conseguir una solución, aportar ayudas, ideas, trabajar en conjunto para que ese error se convierta en una nueva oportunidad de aprendizaje.

En este sentido la consideración se debe ver como la capacidad que le damos  al niño para opinar sobre lo que está ocurriendo, de esta forma podemos conocer su punto de vista, percepciones y sentimientos. La consideración se enfoca en el logro de acuerdos, los hábitos deben ser creados con la consideración del niño y para el niño, de lo contrario serian imposiciones y lejos de ayudar podrían convertirse en el foco de un problema.

Un ejemplo de la consideración en la formación de hábitos puede ser el horario para estudiar, se puede establecer en conjunto a fin de que el niño pueda realizar otras actividades de su gusto y nosotros estar tranquilos porque los deberes y obligaciones serán cubiertos.

Bajo estas 5 “C” para educar con hábitos y amor se persigue enseñar a los niños a desarrollar el hábito con naturalidad y confianza a fin de prever conductas inadecuadas y promover las actitudes positivas hacia la solución de problemas, logro de autonomía y manejo de la frustración. Como siempre os digo mis queridos lectores ningún patrón es rígido y todo lo que nos ayude a formar seres autónomos con competencias basadas en inteligencia emocional tendrán sus beneficios a largo plazo y perduraran en el tiempo y es esto lo que se quiere preparar a los niños para que sean adultos autónomos, felices y competentes.

 

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