inteligencia emocional

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA INFANCIA

Desde que nacemos comenzamos a interactuar con el medio ambiente y todo lo que nos rodea, la inteligencia emocional en la infancia está presente desde entonces porque experimentamos sentimientos y emociones que en la infancia es normal ver como se pasa de la alegría a la tristeza en un instante o de la rabia a la alegría y así un constante cambio de emociones.

La labor de los padres es enseñar a reconocer cada emoción a través de la empatía y hacerles ver como se sientes otras personas en una situación similar.

Por ejemplo: un niño quiere ver la televisión en un momento que no es el adecuado, los padres no lo dejan y ahí comienza la pelea.

En ese momento hay que decirle entiendo que quieres ver la televisión pero no en este instante. Se le da un margen de tiempo para que asimile. Cuando el niño vuelve a la normalidad somos nosotros lo que le pediremos algo a él que debe rechazar y es aquí cuando debemos simular una escena parecida a la ya vivida. Luego se le pregunta ¿qué sientes por qué mamá o papá se hayan portado así?, como podemos sentirnos mejor?, y finalmente explicarle es normal que no todo lo que hagamos nos guste pero lo que hacemos afecta a las personas que están cerca y cuando estamos triste o con rabia debemos calmarnos y esperar a que llegue el momento esperado para lo que deseamos hacer como es este el caso.

Cada situación es diferente, claro está, pero la intención es que ellos sepan que cada comportamiento tiene una causa y un efecto y que de ellos depende que el resultado de la acción sea bueno o malo. Otra actuación muy importante es practicar con el ejemplo, no prediquemos nada que no seamos capaces de hacer. Es mejor esperar y aprender que fracasar en la enseñanza de una persona que el día de mañana se enfrentará a la vida.

Estas nuevas bases de la educación resultan encantadoras, en nuestra época, que no soy tan mayor solo tengo treinta y ocho, nuestros padres no manejaban muchas de estas herramientas y era muy usual escuchar: “Esto se hace porque lo digo yo y punto”. Ahora la educación es más democrática, pero si se maneja inadecuadamente puede resultar anárquica.

Tengo un bebe de dos  años, pero como ya lo sabéis he criado a dos más una que ahora tiene dieciséis y otro varón que ya ha hecho los doce. Nada fácil ha sido pero con mucho sacrificio y experiencias diarias han aprendido hablar, a plantear como se sienten ellos y como nos sentimos los adultos ante sus emociones de alegría, rabia, frustración y cualquier sentimiento. Con el pequeño va siendo todo más sencillo porque ha nacido en este hogar con los mismos padres y los mismos valores.

Tal es el caso por ejemplo  que mi niño ya sabe que cuando llega la hora de comer o dormir, se debe terminar inmediatamente la actividad que se esté haciendo sea ver dibujos, jugar o leer un cuento e ir a lo que corresponde. Cuando le digo tesoro a comer, hay veces que dice ¡no quiero jugar! y le respondo si cariño al terminar volverás a jugar y va hacia su sitio en la mesa, alguna vez dice ¡no quiero! Nuevamente, pero accede sin ir a mayores come y al terminar repite ahora a jugar.

Esta forma de educar es un trabajo de hormiguita y solo se verán los frutos al pasar de los años pero os aseguro que tendremos adultos mucho más seguros de sí mismos, exitosos y emprendedores.

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