empatia

LA EMPATIA COMIENZA POR UNO MISMO

Cuando estamos aprendiendo a desarrollar la inteligencia emocional y más cuando estamos educamos con inteligencia emocional tenemos que tener muy presente que esa capacidad de ponerlos en el lugar de la otra persona, es decir, la empatía comienza por uno mismo.

Alguien decía que los seres humanos no podemos mantener un secreto porque aun en el caso de que no expresemos palabras los gestos, miradas y comportamientos delatan.

La nervios, la inquietud que demuestra un niño desmiente su desinterés por saber si lo llevaran o no al parque, la estudiada indiferencia de un adolescente ante una negativa de los padres por dejarlo ir a una fiesta se contradice con el tono de voz con el que le cuenta a sus amigos,. Ser capaz de captar todas estas señales emocionales resulta especialmente importante en aquellas situaciones en las que los niños y adolescentes tienen sus motivos para ocultar sus sentimientos al igual que los padres ante las diversas situaciones familiares o laborales, este es el mundo real.

La particularidad de la empatía consiste en que nos demos cuenta y percibamos lo que sienten los demás muy especialmente nuestros hijos sin que lleguen a decírnoslo. Porque, aunque los niños y los adolescentes presenten dificultades para expresar verbalmente lo que sienten, están continuamente enviando señales y manifestando sus sentimientos y emociones.

 El tono de voz, las expresiones faciales, las palabras que utilizan y todos los canales de expresión no facial son parte fundamental de la expresión de sentimientos y emociones.

La capacidad con que los padres seamos capaces de capturar los mensajes que están enviando nuestros hijos por sutiles que puedan ser exige tener desarrolladas las competencias emocionales básicas propuestas por Daniel Goleman: autoconocimiento, autocontrol, empatía, comunicación y habilidades sociales. Sin la capacidad de darnos cuenta de nuestros propios sentimientos o de impedir que nos desborden, jamás se puede a establecer el verdadero contacto emocional con otras personas.

Este gran especialista al que ya he nombrado habla de la empatía como un radar social y por supuesto la familia es la primera parte social con la que interactúa el ser humano. Una vez una madre notaba cierto malestar emocional en su hija adolescente de 15 años, esta madre acudió a mí porque no sabía a ciencia cierta si eran hechos normales de su adolescencia o que podrá estar necesitando ayuda para salir de alguna situación particular.

Al empezar a indagar y a buscar encuentros cercanos con la adolescente no tarda en contarme que estaba pasando por una situación difícil en el instituto con una antigua amiga, que al parecer se había retirado de ella y la ignoraba sin causa aparente.

En ausencia de esta competencia, las personas estaríamos desconectadas las unas de las otras. Los individuos emocionalmente miopes o sordos se vuelven dentro del entorno social torpes, no saben interpretar lo que pasa a su alrededor y se les dificulta leer los sentimientos de los demás, mientras que las personas emocionalmente inteligentes, son capaces de identificar y actuar ante las señales.

Uno de los grandes problemas con que es usual conseguirnos es que las personas además de ser prejuiciosas por naturales se basan en los estereotipos y estos les impiden desarrollar libremente la empatía.

El investigador conocido: “Robert Levenson”, realizó unos estudios al respecto y concluyó que el elemento clave para comprender el sustrato emocional en el que se desenvuelven las personas dependerá de lo familiarizado que se encuentren las personas con el suyo propio.

Entre los estudios que realizó este especialista se encontraba el de las parejas, en el cual las parejas dentro del laboratorio deberían mantener dos tipos de conversaciones una de ellas sin trascendencia por ejemplo como había ido el día, y otras conversaciones de 15 minutos más trascendentales, en estas el investigador estudiaba las señales y cambios fisiológicos y de expresión facial.

Después Levenson se quedaba en momentos separados con cada uno de la pareja, analizaban la grabación y los relatos de lo que llegaban a sentir y llegó a conseguir cosas tan curiosas como que cuando uno de la pareja empatiza con el otro llega a imitar al otro. Un caso muy similar ocurre con las madres cuando están en la lactancia.

Hay un elemento indispensable en el desarrollo de la empatía y es la conciencia que debemos tener de nosotros mismos, de ser capaces de registrar las señales adecuadas en nuestro propio cuerpo. Esto requiere autoconocimiento y entrenamiento y cuanto antes comencemos mejor, de aquí la importancia de ayudar a nuestros hijos a su desarrollo y práctica para el mejor avance social.

Compartir esta publicación:
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *