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LA EDUCACION FAMILIAR PARA PREVENIR EL MALTRATO ENTRE IGUALES

La educación familiar para prevenir el maltrato entre iguales es fundamental a fin de proporcionar valores dentro  de la educación que vayan de la mano con habilidades sociales destinadas a reconocer y gestionar hechos de maltrato entre iguales tales como la situaciones: intimidación, chantaje, tiranía o intención de daño.

Todo agresor se va convirtiendo en él a través de la superación de distintos escenarios que le permiten ir haciéndose reiteradamente más fuerte entre los más débiles de esta manera va ejerciendo su liderazgo negativo. Los padres y su entorno familiar deben estar muy atentos hacia las señales que puede emitir este tipo de comportamiento, tales como: agresividad, aislamiento, poca tolerancia a la frustración, negatividad, silencio deseos de poder.

En cualquier situación de maltrato entre iguales intervienen tres grupos de personas:

  1. El agresor, que es aquel que ejerce el maltrato.
  2. La víctima, quien sufre la intimidación o es la persona más débil.
  3. Los espectadores, son el grupo de compañeros que observan y conocen lo que sucede pero que no suelen decir nada.

Tan grave y preocupante es tener en la familia a un agresor como a un agredido, la familia debe intervenir y parar cualquier situación de estas. En un hogar donde los principios y valores educativos se basen en el respeto, la igualdad, asertividad y tolerancia a la frustración estén presentes es menos probable que existan hijos con problemas de agresión.

El bullying o maltrato entre iguales es una preocupación social, educativa y por supuesto familiar que aunque cada día se esté muy pendiente en las instituciones no dejan de existir los casos de este tema. Lo peor son las consecuencias que tiene a largo plazo por los daños psicológicos y emocionales que deja en el agredido.

En resumen se pueden distinguir tres efectos negativos y la importancia de que la familia este consciente de ello:

  • La victima termina por sufrir problemas de autoestima, miedo y crea ansiedad con imposibilidad de gestionar adecuadamente sus emociones y las situaciones de amenaza para él o ella. Es indispensable que las familias se esfuercen por empoderar a los hijos a través del uso de la inteligencia emocional para que adquieran herramientas de autoconocimiento y autocontrol que los ayudaran a detectar cualquier peligro y poder parar a tiempo al agresor.
  • El agresor por su parte será socialmente rechazado o temido por quienes le rodean debido a la imposición y miedo que trasmite a terceros, en este sentido terminara por estar aislado y ser un blanco fácil para cometer acciones delictivas. La familia debe actuar ante los primeros síntomas y buscar la ayuda necesaria para poder parar esas actuaciones.
  • Los espectadores terminan por acostumbrarse a vivir en estos ambientes y normalizan estos hechos acostumbrándose a no hacer nada frente a los abusos e injusticias. El rol de la familia en este caso es orientar a los hijos hacia la tolerancia cero y persuadir para que se rechacen estas situaciones y se paralice al agresor.

En resumen os puedo decir que cualquier familia que eduque en valores y este atenta ante estas situaciones puede contribuir a disminuir los índices de violencia entre iguales, esta temática es un problema de todos y que nadie se escapa del riesgo que existe.

La invitación para todos los padres es a que aprendamos a observar y ser críticos de las conductas de nuestros hijos, a no excusar ni tolerar ningún caso de violencia. Ante cualquier situación de sospecha se debe investigar y solucionar, la convivencia entre iguales con respeto es esencial para el desarrollo de la sociedad en general.

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