liderazgo

INFLUIR TAMBIÉN ES UN ARTE

Influir también es un arte, llegar a conseguir que otros logren objetivos, se involucren en un mismo plan o conquisten un cambio desde adentro  es importante. No todos tenemos esas capacidades, desde la familia los padres son los primeros influyentes, desde las organizaciones los líderes y directores deben ser capaces de desarrollar este arte con su equipo.

Desde el punto de vista de la inteligencia emocional la influencia va a consistir en tener adecuadamente en cuenta las emociones de terceras personas. En este sentido, los padres, jefes de empresas han de ser influyentes en forma positiva porque esto reside en el ser humano.

Las personas positivas no tienen mayor dificultad en esto y son bastante diestros en la trasmisión de señales emocionales, lo cual les convierte en comunicadores influyentes que son capaces de sumar dentro de las familias, en los equipos de trabajo y por supuesto en un entorno social.

Todas estas capacidades si bien es cierto que llegan a ser innatas en el ser humano también se pueden aprender a través de la práctica continua. Como siempre lo he dicho la virtud de la inteligencia emocional es que se puede aprender, no tiene edad ni está condicionada por el coeficiente intelectual.

Os cuento brevemente una historia que me ocurrió cuando estaba dentro del mundo empresarial. Yo trabajaba como Directora de Administración de una empresa, en un momento determinado esta empresa se fusionó con otra. A pesar de tener afinidades en cuanto a cultura organizacional teníamos empleados, y clientes diferentes.

Al tomar posesión dentro de la nueva empresa resultante me conseguí con empleados muy motivados por haber quedado dentro de la misma, otros muy enfadados y con bastante resistencia al cambio por haber perdido a compañeros que fueron despedidos dentro el proceso. En aquel entonces los Directores de Administración nos desempeñábamos además como Directores de Persona.

Pocos días después de comenzar en las funciones convoque a una reunión donde tenía claro que el único fin era trasmitir calma, seguridad y poder de influencia.

Comencé la reunión con un mensaje claro de optimismo que decía algo así: “Creo que esta nueva empresa en la que todos estamos será la suma interesante de talentos, trabajo en equipo y demostraciones de desempeño en beneficio de la empresa y de todos como una nueva organización. Tomaremos decisiones rápidas, haremos los cambios necesarios para optimizar recursos y resultados, dispondremos de la información requerida. Cada uno analizará sus fortalezas y trabajará sobre sus áreas de mejora. Nos reuniremos cada semana y valoraremos resultados como un equipo”.

Para mi aquello fue un éxito, todos se fueron con una sonrisa y sino con una calma que se notaba, alguno se me acerco y dijo “pensé que me echarían como a los demás”, y en cada reunión que hacía era un avance donde cada día nos sentíamos más miembros de la organización.

Esta misma estrategia es aplicable desde el mundo empresarial hasta el familiar. Los padres somos los primeros líderes a los que nos enfrentamos en la vida y no deja de ser la huella más fuerte que queda en un ser humano.

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