psicologia infantil en salamanca

ENSEÑAR A AUTOEVALUARSE

Enseñar  a autoevaluarse y que el niño gestione su ego se traducirá en un crecimiento emocional y frenará los elogios mal administrados. Cuando somos padres nos parece que no hay mejor hijo(a) que el nuestro, nos cuesta concienciar que realmente es uno más del montón, y por esta causa se cae en el error de no enseñarles a autoevaluarse sino que los alabamos y alabamos o castigamos muchas veces con expresiones como “te estás haciendo muy malo”, o peor aún comparamos “¿ves aquel niño? no llora”.

 

Cualquiera de esas situaciones está totalmente erradas porque las acciones de un niño no determinan lo que el niño es en realidad. La capacidad de autoevaluarse es la capacidad que adquiera el niño de valorar sus resultados sobre lo que se espera de él y lo que logro hacer. Suele aparecer entre los 3 y 4 años de edad. Por ejemplo mi hijo de 3 años no sabía saltar en un pie o como él decía hacer la pata coja, cuando lo intentábamos yo le decía vamos cariño a ver ¿cómo haces  la pata coja? (expectativa) , él lo intentaba y no lo lograba del todo bien, pero sabes él decía “mami no me sale tengo que intentarlo luego vale” (autoevaluación), yo lo decía muy bien pues a practicar y ya. Esto es enseñar a autoevaluarse.

 

Se trata de motivar al niño a que viva en su realidad, a que acepte que no es perfecto, que hay cosas que hará muy bien y otras no tanto y que cuando algo está bien siempre se puede mejorar, esto es muy importante para evitarle que caiga en el estado de saberse excepcional y que se convierta en un profesional “insoportablemente arrogante”.

Dale play al video y te lo cuento:

 

Para fomentar esta competencia en los niños se deben tener encuentra los siguientes parámetros:

 

  1. Proporcionar autonomía según la edad. Por ejemplo un niño 16 meses ya puede hacer muchas cosas por sí mismo, está en capacidad de comer alimentos solos, tirar su pañal a la basura, recoger en una cesta sus juguetes, uno tres años podrá poner la mesa y uno de 10 puede hacer ambas cosas. El truco está en no decirle a ninguno como se hacen esas cosas, sino dejarlos actuar a fin de que cada uno consiga el camino adecuado para alcanzar el objetivo. De esta manera estimulamos su capacidad de pensamiento, acción y resolución de problemas. Una práctica que resulta útil para lograr esto es dejarlos escoger la ropa que usarán, a los pequeños por ejemplo a escoger entre dos opciones y a los grandes en su totalidad.

 

  1. Premios emocionales. Cuando nuestro hijo ha logrado algo nos sentimos alegres, lo felicitamos y elogiamos, muchas veces por cosas que ni siquiera ameritan una felicitación, por ejemplo aprobó un examen, pinto un dibujo o recogió su habitación, estas actividades no deben ser medios de recompensa, por el contrario son sus obligaciones o actividades que entran dentro de su día a día, si elogiamos en forma exagerada porque el niño de 12 años aprobó un examen con 5 probablemente el día que se saque un 10 no tendremos más palabras que decir para aumentar su autoestima, o peor aun cuando aprobó caemos en el error de calificarlo como un alumno excelente cuando posiblemente no lo sea.

 

Es decir, confundimos la acción con el ser propiamente dicho. Lo que si debemos hacer es describir lo que nos gusta de esos resultados por ejemplo me parece ben que hayas aprobado el examen de química, en el caso del dibujo no le debo decir vaya serás como Pablo Picasso, pero si puedo describirle en este dibujo veo colores muy lindos y la figura que escogiste me parece bastante atractiva.

 

  1. Etiquetas. Ahora en el caso contrario a los premios emocionales nos encontramos con que los niños o adolescentes hagan algo mal, rápido se dice: “te lo dije”, “si.. hicieras caso”, “es que eres malo”, no se les debe etiquetar, en esto siempre insisto mucho porque es lo que a menudo escucho en todos lados, etiquetas y etiquetas buenas o malas, pero etiquetas. Hay que enseñarlos a que aprendan de ese error, suele ocurrir que estamos en continuo estrés después de ser padres porque queremos a toda costa evitarles los errores a nuestros hijos, bien porque no queremos que se lastimen o  por ese empeño de tener hijos perfectos, por el contrario frenamos su autodesarrollo y aprendizaje. Las personas aprendemos por ensayo y error y de lo malo es que se sacan las mejores conclusiones. Hay que dejar que el niño de 3 años si un día no quiso ponerse el abrigo, sienta frío, o que el adolescente que se empeñó en hacerse el corte de pelo de moda, se lo haga y se dé cuenta que no le queda bien. De cada equivocación ellos irán sacando conclusiones. Siempre resguardando la seguridad del niños.

 

  1. Comunicación, comunicación y más comunicación. Hay que convertirse en expertos comunicadores con nuestros hijos, tenemos que ser empáticos pero no solo esto, hay que aprender que no basta con entender que el adolescente tiene alteraciones hormonales, presiones sociales y cambios de humor normales, o que el niño de 5 años no sabe expresar lo que le pasa, porque  asumimos que cualquier mala cara, seriedad o silencio es propio de la edad. Debemos aprender a usar las palabras correctas en el momento correcto y  a desarrollar lo que lleva la empatía: capacidad de servicio, saber escuchar y aprovechar cada oportunidad.

 

Para esto siempre recomiendo que pensemos un poco antes de hablar y sepamos llevar una conversación adecuada, bien lo dice Carlos Melero en sus cursos quien pregunta dirige la conversación y es así, si cambiamos las estrategias de conversación y comenzamos con preguntas abiertas o colocándonos en su lugar sin juicio ni inducción de respuesta será más fácil el camino. Po ejemplo a un adolescente que sabemos que se ha peleado con su mejor amigo podemos decirle algo como: vaya me imagino cómo estarás después de la discusión con…, si quieres comentar algo estoy aquí, a un niño que no le gusta comer garbanzos y es lo que hay, se le puede comenzar antes de comer diciendo vaya pues hoy sé que no tendrás la mejor comida de la semana, pero cuéntame al acabar de comer ¿qué harás?

 

Estos parámetros nos abren las puertas para poner sobre la mesa los actos y consecuencias de cada niño o adolescente y estimularlos a ellos con una autonomía supervisada escoger caminos, emitir sus propios juicios, sacar conclusiones, tomar decisiones y continuar con el aprendizaje diario, pero sobre todo a que sean conscientes de que no podemos tener todo lo que queremos, de que nuestros actos tienen consecuencia y que las decisiones son nuestras responsabilidades. Con todos estos elementos complementaremos el proposito de enseñar al niño a autoevaluarse.

PUEDES DESCARGAR ESTOS JUEGOS PARA ENSEÑAR AL NIÑO A AUTOEVALUARSE

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