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EL BENEFICIO DE MEDIR LAS PALABRAS

La medición en cualquier sentido básico consiste en determinar la magnitud de un objeto. En este orden estaríamos hablando de que el beneficio de medir las palabras viene determinado por la adecuada  magnitud que ellas tendrán y el impacto que generaran sobre lo que se está diciendo y a quien se le está comunicando.

Abraham Lincoln dijo: “Medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas”. De esto se trata básicamente de que nuestra mente, cuerpo y actitud se alineen hacia lo que se quiere decir y que se quiere trasmitir, no se puede decir lo que primero se nos pasa por la mente porque muchas veces nuestros estímulos no son conscientes de las respuestas inmediatas que pueden recibir.

En estos momentos todos podemos pensar que esto sería aceptable para malos momentos como: la tristeza, rabia, dolor, vergüenza e impotencia. Pero la verdad no es así, esto debe ser aplicable para cualquier emoción que experimentemos y queramos manifestar.

Es probable que en cierta ocasión alguien nos manifestara algún logro y nosotros nos sintiéramos opacados, tristes o melancólicos y no necesariamente por envidia, sino porque en ese momento nuestro estado de ánimo no era el más idóneo, o las palabras que utilizaron para dicha comunicación no fueron las adecuadas. Por ejemplo no es lo mismo decir: “Después de tanto esfuerzo, todo tiene su recompensa logre…”, a decir: “Logre… cosa que de seguro tú ni que quieras”.

Ejemplo como este muchos y en cualquier aspecto lo imprescindible es tener presente que las palabras por mucho que digamos se las lleva el viento no es la verdad quedan grabadas en nuestra mente y retumban dentro de nuestro ser. Es por ello que ejercen influencia en nosotros mismos y en quienes nos rodea.

Utilicemos las siguientes normas para aprender a medir nuestras palabras: 

  1. Calcula las consecuencias. Evalúa siempre las consecuencias de tus palabras sea lo que sea que quieras manifestar es necesario examinar nuestro entorno y actuar con empatía.
  1. Dialogar si, gritar no. Ante discusiones y la necesidad de defender un punto de vista, la mejor actitud es callar, pensar y luego hablar sin prestarse a que se rompa el canal de comunicación, es mejor esperar a que el interlocutor esté dispuesto a dialogar antes de perder la calma y no lograr el propósito.
  1. Ganar, callar y negociar. El hecho de mantener la calma, ya es un logro. Callar y actuar con empatía se convertirán en las mejores armas para negociar. Quien logre utilizar estas armas será un controlador de las circunstancias y sus palabras llegaran a donde tengan que llegar y trasmitirán lo que se quiere.

Estimados lectores existe un sabio proverbio que nos resume esto en: “El que es entendido refrena sus palabras; el que es prudente controla sus impulsos. Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.”

En la práctica aprende a manifestar tu alegría con humildad, dulzura y bondad, el consuelo con empatía sin caer en la lastima, y los desacuerdos con inteligencia para llegar a acuerdos ganar – ganar.

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