escuchar

EL ARTE DE ESCUCHAR A NUESTROS HIJOS

En cualquier situación en la que nos encontramos a diario con nuestros hijos es muy probable que nos diéramos cuenta que la escucha forma una parte esencial de ellas y las relaciones que las rodean. De ahí que cuanto mejor desarrollemos el arte de escuchar a nuestros hijos, mejor hablaremos y mejores competencias estemos logrando como padres.

Sabiamente lo indica el estudioso de la materia Daniel Goleman, quien plantea:”saber escuchar es una virtud, una habilidad de las personas que cuentan con altos niveles de inteligencia emocional”. Esto nos lleva a reflexionar sobre los individuos exitosos e influyentes y evaluar las similitudes entre ambos, encontrando que estas personas saben conectar con las personas, atraerlas a sus círculos y utilizar herramientas a su favor. Esto es lo que debemos hacer los padres, escuchar, escuchar y por último escuchar.

El hecho de tener una vida llena de ocupaciones donde la casa, el trabajo, los hijos y la pareja parecen agotar el tiempo de nuestras vidas hace que cada día la comunicación con nuestros hijos sea más escasa y menos efectiva, a esto sin añadir el uso de las tecnologías donde se hace más fácil escribir un mensaje que hacer una llamada o tener un contacto más personal. Tengo padres que me comentan que pasan días sin tener una conversación con sus hijos porque NO HAY TIEMPO.

Enfrentándonos a todo esto se hace más complicado el hecho de que no hemos aprendido a escuchar solo a hablar y eso en algunos casos. Es por algo que hemos venido al mundo con dos oídos y una sola boca, es probable que eso ya diga mucho. Chipriota Zenon filósofo decía que más vale oír que hablar. Sin embargo, eso en la práctica diaria a muchos cuesta.

Cuando estamos embarazadas o en los primeros años de vida de nuestros hijos no nos cansamos de escuchar, de interpretar esas palabras y miradas que nos dan, de ahí que se diga que las primeras tareas que tienen el amor es el aprender a escuchar. Ahora bien no se trata de convertirnos en un motor de escucha que se enciende y no se apaga nunca, o de un estropajo que absorbe hasta que se empapa de todo. Lo que se quiere es desarrollar la competencia de la escucha activa. De aprender a recibir el mensaje que nos quieren trasmitir nuestros hijos no solo con sus palabras sino también con sus expresiones corporales.

La escucha activa significa desde cualquier punto de vista escuchar y además comprender desde el punto de vista del que habla lo que nos quiere trasmitir a fin de estrechar relaciones de calidad. Es muy común confundir el oír con la escucha, la diferencia entre ambas es que la primera se trata solo de percibir las vibraciones de algún sonido, cuando muchas veces le decimos a los pequeños si si si cariño, pero en realidad estamos a lo nuestro, la segunda va más allá de eso trata de entender a nuestro emisor hasta llegar a la empatía.

Hay cuatro prácticas que podrían contribuir a mejorar nuestra competencia de escucha activa como padres, estas son:

1. Escucha con el cuerpo y el alma. Esto significa que cuando estamos en una conversación con nuestros hijos debemos concentrarnos en la misma. Conectar, mirarlos los ojos, atender y entender lo que nos quiere comunicar, dejar de un lado lo que no compete a ese momento y centrarse en el ahí y el ahora que ellos se merecen. A menudo se comete el error de cortar el discurso que nos están trasmitiendo, sin saber a dónde quiere llegar. De esta manera nos deja en desventaja porque no podremos ni replicar ni opinar sobre algo que no nos hemos terminado de enterar. Suele suceder con los niños de 3 a 6 años y los adolescentes.

2. Interrumpe justificadamente. Una interrupción está justificada cuando no se entiende el mensaje, cuando es importante acotar algo que aporte valor a la conversación o cuando se solicita más información sobre el tema. Nunca se debe hacer para redirigir la conversación a nuestro terreno y este es uno de los errores más comunes, lo usual: “sé como te sientes, a mi me paso lo mismo cuando…”.

3. Interésate. La escucha activa implica entregarse por completo a lo que nuestros hijos nos están contando, dedicarle un tiempo a esa conversación. Es muy común no hacerlo porque nos encontramos sumergidos en nuestras propias vidas, problemas o logros que asumimos que ya con lo nuestro es suficiente o simplemente pensamos que ya no hay nada que aprender. Bien lo expresa un proverbio italiano:”del escuchar, procede la sabiduría”.

4. Actitud positiva. Cuando nos abrimos a escuchar a nuestros hijos debemos hacerlo de una manera positiva y optimista. El escuchar no solo es reflejo de educación sino de una humildad y lealtad hacia ellos. No solo implica aprendizaje, en ocasiones lo que se nos deja es el conocimiento del esquema mental de nuestros hijos, lo cual en cualquier ámbito es beneficioso; bien lo practican los comerciales y los empresarios de éxito.

Muchos piensan que cuando se habla es cuando se ejerce el mayor poder, estando aquí un tanto equivocado, porque realmente aquellos que escuchan y son empáticos son los que realmente tienen el control de muchas situaciones con sus hijos. Ante todo hay que saberlos escuchar para poder aprender hablarles.

TE PUEDE INTERESAR TAMBIEN ANTES DE SUPONER Y ENJUICIAR PRUEBA PREGUNTAR

Compartir esta publicación:
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *