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EL AMOR PROPIO COMO PADRES

Sin temor a vernos los defectos mirarnos y querernos frente a un espejo, es la mayor satisfacción que se puede sentir. No existe la perfección en la vida real todos tenemos defectos y virtudes. Los rostros realmente no son simétricos, los cuerpos son diferentes y cada uno tiene su encanto. Lo mismo ocurre con nuestro rol de padres, por ello debemos estimular el amor propio como padres. Muchos suelen sentirse frustrados o cuestionarse si las cosas no van bien.

Si realmente no estamos satisfechos con nosotros mismos nunca lo estaremos con lo que nos rodea y quienes nos rodean y lo más complicado aún es que si no nos aceptamos es difícil conseguir que lo hagan nuestros hijos. Entonces podemos comenzar por preguntarnos y respondernos:

  1. Nos aceptamos tal cual somos
  2. Tenemos nuestro estilo propio de educación o buscamos parecernos a algún ejemplar
  3. Existen problemas de autoestima

La clave está en  encajar con nuestro propio yo de padres y esto radica en no pensar en los estereotipos, no podemos buscar y luchar por la perfección, esta no existe. Debemos enfocarnos en darnos mucho valor, amor y ser conscientes de lo que podemos y no cambiar.

Relajarse, enfocarse en un yo propio y una paz interior ayuda a reconfortar el alma y recordad que somos reflejo de esta. Bien lo decía Carl Rogers psicólogo norteamericano: “La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar”. Esto es muy cierto debido a que si nos aceptamos no estaremos en búsqueda de una aceptación sino de una autosatisfacción.

Al verte con otros ojos, entraras en  un torbellino de cosas positivas y satisfacciones, de ello será el reflejo tu expresión de alegría y felicidad de esta forma seguro sacaras el mejor provecho a tu imagen y espiritualidad. De esta manera les trasmitimos a nuestros hijos la seguridad que se merecen.

Queridos lectores mantengamos siempre claro que nuestra singularidad como padres está muy apartada de una posible inferioridad, somos únicos pero no inferiores a nadie que nos rodee.

Por esta razón partamos de la objetividad siempre antes de valorarnos o autocriticarnos, nunca saque como conclusiones debilidades, recuerda que eso no existe, los fallos son sierre áreas de mejora que se pueden transformar en oportunidades. Centrarnos en ellos en lugar de preocuparnos por lo que no podemos cambiar es la estrategia para no sufrir de complejos.

 

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