conflictos entre hijos y padres

CONFLICTOS QUE GENERAN LOS CHANTAJES DE HIJOS A PADRES

Toda familia es única en el mundo del mismo modo que lo son los hijos, sus comportamientos, deseos y necesidades influyen en las decisiones, comportamientos y aspiraciones de los padres. Hay conflictos que generan los hijos hacia los padres cuando las conductas son de chantaje. Es lamentable ver como desde que los niños están pequeños existe una tendencia familiar hacia una amenaza que obliga a cumplir un deseo.

Los chantajes en términos generales representan amenazas de daño para obtener algo, cuando en un sistema educativo familiar la dinámica de acción es a través de este comportamiento, ya en sí mismo la relación entre padres e hijos es conflictivas.

Lo observamos en parques con niños que desde pequeños los padres le dicen vamos a casa, el niño llora y el padre le dice ¿Quieres un helado y así dejas de llorar?, también quienes para que cumplas con sus responsabilidades dicen ¡Si haces los deberes te dejo la tablet!

Todos estos comportamientos son chantajes y si vienen en un principio de los padres los hijos aprenden esta forma de comunicación perjudicial y conflictiva, que se aleja de crear autonomía, autocontrol y responsabilidad, convierte las relaciones entre padres e hijos en mercantilistas, todo tiene un interés y muchas veces es una recompensa material para lograr algo.

Los hijos aprenden a ejercer el control en los hogares desde muy pequeños, si se les deja, a los extremos como lo relata Javier Urra Portillo en su libro “El pequeño dictador”, pasan de convertirse en los amos y niños consentidos para  ser el adolescente agresivo. En este momento ya son expertos en ejercer un chantaje emocional y manipulación sobre los progenitores, las consecuencias, estos hacen todo lo que los hijos quieren para no sentirse culpables.

Los padres son chantajeados cuando llegan a sentir un cumulo de emociones negativas que los llevan a ceder a los deseos de sus hijos porque de lo contrario no  consiguen estar en calma. Entre estas emociones negativas se encuentran: preocupación, nostalgia, arrepentimiento, tristeza, culpa, nerviosismo y melancolía.

Unos padres que son chantajeados no son capaces de reconocerlo porque confunden los estados negativos con un error en las decisiones tomadas y a la final vuelven a estar en manos de los caprichos de sus hijos.

Lo ideal es nunca actuar bajo chantaje, si un niño llora se le atiende y ayuda a superar la frustración, rabia o tristeza, si un adolescente se enfada se buscan los medios de negociación ganar – ganar, así se trata el conflicto no la conducta. Cuando se comienza por atender la conducta se cae en la recompensa porque tiene resultados rápidos a corto plazo y eso es un chantaje. Así aprenden los hijos y después encadenan a los padres.

Los chantajes pueden manifestarse a través de diferentes comportamientos como:

  1. Llanto en forma de reclamación o desolación.
  2. Gritos y malos tratos.
  3. Lamentaciones constantes.
  4. Amenazas de abandono o sufrimiento.
  5. Intimidación por automaltrato.

Todas estas actuaciones buscan un fin común, “CUMPLIR UN DESEO”, los padres ceden ante estos porque ninguno soporta ver sufrir a su hijo y cuando se está en este círculo tóxico de relación no se es capaz de ver la realidad y asumir que son chantajeados por sus hijos.

Los conflictos que generan los chantajes de los hijos a los padres son:

  1. Pérdida de autoridad. Actualmente es preocupante ver como los padres han ido perdiendo el control de los hogares, desde que se levantan los niños y adolescentes creen tener en casa a las personas al servicio de ellos, se observa en los colegios llegar a los padres con las mochilas de niños de 11 años, a madres guardándole la ropa doblada a adolescentes de 18 y a padres saliendo a trabajar para atender los caprichos de los de 21. El juez de menores Emilio Calatayud en una conferencia que se llevó a cabo por las ampas de La Solana dijo que es clave recuperar la autoridad de los padres para evitar problemas en la sociedad con los menores.

La autoridad la van perdiendo los padres desde que no asumen la educación como un medio de formar a personas que serán futuros hombres y mujeres que tendrán que estar dentro de una sociedad, donde no todo lo que se quiere se puede obtener, donde se requiere manejar la frustración, ser autónomo y relacionarse acorde a una serie de habilidades sociales para poder lograr objetivos.

Este juez dijo que los padres están cada vez más indefensos y que a los hijos se les habla cada día de derechos pero no de deberes, es así, un niño ya de 6 años es capaz de decirle a un padre sus derechos pero no cumple con sus deberes, se ve por ejemplo que algunos no son capaces de guardar sus juguetes ni colaborar en casa.

Los padres en su afán de hacerlo lo mejor posible, de no cometer errores y de tener hijos felices no detectan que son víctimas del chantaje, sin embargo, los hijos aunque es posible que de nombre no lo vean así, por la experiencia saben lo que les funciona para conseguir lo que quieren.

La autoridad no existe cuando los progenitores no se ponen de acuerdo, cuando una madre o un padre pone una norma hay que cumplirla y debe ser respetada siempre por ambos, de lo contrario el hijo sabe a quién chantajear para pasar el límite y lograr  lo que quiere.

  1. Los padres llegan a ser dependientes de los deseos de los hijos, dejan de vivir su vida por vivir la de ellos. Esto es un verdadero conflicto y aquí aunque los hijos crean que se están beneficiando por obtener todo a través del chantaje y creación de sentimiento de culpa hacia el padre, están equivocados porque llegan a ser víctimas de una sobreprotección.

Esta dependencia se resume en padres que hacen todo lo que los hijos pueden hacerse e hijos que no desarrollan autonomía y responsabilidad. Se convierten en personas irresponsables, inseguras, caprichosas y dependientes.

Javier Urra lo resume diciendo que los hijos de padres con estas características los convierten en tiranos porque crecen pensando que el mundo gira a su alrededor.

Los hijos que chantajean a los padres los ponen entre la espada y la pared llegan a crear tal presión que los hacen responsables de sus propias obligaciones: como cumplir con un proyecto y estudiar para un examen.

Todo recae sobre los padres y estos sin darse cuenta terminan viviendo las responsabilidades de los hijos de forma inconsciente, sin recibir absolutamente nada bueno a cambio, porque este tipo de hijos siente que los padres deben estar a la orden de sus propias necesidades.

Este tipo de conflicto también se genera porque los padres en vez  de negociar castigan y los hijos en forma de venganza actúan devolviendo la culpabilidad a los padres. Por ejemplo: en un momento determinado dice el hijo no hice un trabajo porque estaba castigado y no podía salir de casa para investigar. Los resultados, a la final, el padre no pone límites para que el niño o adolescente siempre pueda salir a investigar o hacer cualquier trabajo.

Los padres dependientes buscan ser amigos de los hijos y este es el peor error que se puede dar en la educación, si se es amigo de los hijos se pierde la autoridad, se pasa a una relación de pares a una de iguales, en cualquier situación, los padres no son semejantes a los hijos porque de lo contrario ¿Quién orienta, dirige, o cumple con las responsabilidades del hogar?

El problema que existe es que los padres confunden la comunicación asertiva o relaciones respetuosas con “Dejar hacer para estar bien”.

  1. Los padres que pierden la paciencia, no miden las palabras y ofenden con facilidad y reciben lo mismo de los hijos. La diferencia es que los hijos como ya se ha dicho aprenden muy rápidamente lo que les funciona y lo aplican, es decir, utilizan el chantaje como medio para conseguir lo que quieren.

Cuando un hijo le dice a un padre “Ya no te quiero”, “Eres malo”, parece que le está diciendo dime todo lo que quieres que te lo doy o cuando un adolescente ignora a los padres consigue lo mismo: “Cumplir sus deseos”.

Los padres se faltan el respeto así mismo cediendo a los chantajes, es por eso que abundan los problemas en la adolescencia o es ahí cuando llegan a ser notorios pero en realidad han comenzado en la niñez.

No hay que ir muy lejos para darse cuenta de esta realidad y que para pararla los padres deben concientizar lo que quieren obtener de sus hijos a largo plazo, visualizarlos en 15 y 20 años para trabajar por ello, es un buen comienzo.

Los padres para ganarse el amor y respeto de los hijos hacen lo que sea y esto incluye caer en los chantajes, lo peor es que ninguno que este en esta situación se da cuenta hasta que hay una detonante: no se puede cumplir un deseo, se ha cometido un hecho delictivo o hay situaciones de violencia familiar derivada de chantajes emocionales.

Las promesas inalcanzables son las más vistas en estos escenarios, se producen porque los hijos piden y piden y los padres van dando hasta que en algún momento no pueden o no quieren ceder y es aquí cuando se observa un gran rechazo por parte de los hijos.

  1. Baja autoestima. Los padres que son chantajeados por los hijos sufren de baja autoestima, o no son capaces de ver más que la culpa y los errores que le dicen sus hijos, por ejemplo: cuando un hijo le dice al padre por tu culpa mis amigos no me quieren, todos tienen móviles nuevos menos yo, porque no me compras ese juguete que tiene mi amigo, ahora no jugaré a nada, en fin, frases que denotan reproches disfrazados de tristeza y fracaso señalando a un culpable que puede ser el padre o la madre, en este momento es cuando se cede a los caprichos y se sigue siendo chantajeado porque él solo piensa en el beneficio de su hijo, no mira lo que puede haber en ese mensaje.

María del Pilar Sordo Martínez psicóloga, columnista, conferencista y escritora chilena afirma que es una estupidez decir y hacer lo que sea para que los hijos sean felices. Certifica que en este intento no se ponen límites, no se asignan responsabilidades, se da todo con tal de ver sonreír a los hijos y los resultados llegan a ser muchas veces los contrarios, porque nunca se llegara al tope de la felicidad, se pone en riesgo la salud, educación y hasta respeto entre padres e hijos.

La baja autoestima de los padres se produce porque han entrado en el juego de los hijos y estos han logrado desestabilizarlos a través de la presión que ejercen, llega un momento en que para poner fin a la situación ceden porque la propia autoestima es tan baja que no saben cómo tomar el control y asumir su rol de padres.

En este tipo de conflicto resulta que los padres sí no son capaces de cumplir los deseos de los hijos se sienten desdichados, con una tristeza y culpabilidad porque creen que no son capaces de complacer a sus hijos.

Cuando una familia se encuentra en estas situaciones, debe antes que nada reflexionar y buscar ayuda para mediar, cambiar el estilo de educación familiar que se lleva a cabo y reconducir los comportamientos, para comenzar se pueden seguir alguna de las siguientes pautas:

  1. Poner límites, un hogar sin limites es como un país sin fronteras. Los padres son los responsables de establecer las normas y límites dentro del hogar y cuanto antes lo hagan mejor, no se puede esperar a la adolescencia para hacerlo porque es aquí cuando ya es tarde, el adolescente no las reconoce y las rechaza. Pasa que como dice el psiquiatra Julio Fernández los padres priorizan la felicidad antes que los limites, porque estos en ocasiones crean conflictos.
  2. Ser el ejemplo. Unos padres que chantajeen son padres chantajeados. No puedes chantajear a tu hijo para conseguir que haga cosas normales como comer, ser responsable o seguir normas de convivencia.

Los padres son el primer modelo a seguir de aquí aprenden los hijos, si un  niño tiene que comer la crema de calabaza porque es el primer plato, no hay que ofrecerle un chocolate para que lo haga, ni ver la televisión toda la tarde, es su primer plato, es la alimentación que debe tener y ya está, no se debe caer en conflicto ni chantajes.

Se confunde el NO con maltrato, una norma con castigo y así los hijos no aprenden a diferenciar ni los padres a ejercer su rol.

Si tu chantajeas serás chantajeado y se crea un círculo vicioso que cuando se quiera parar ya ha hecho daño, hay secuelas y el trabajo es más difícil.

  1. Mantener la calma. Los niños y adolescentes conocen muy bien la práctica del que persevera vence para obtener lo que quieren y es gracias a que los padres tienen poca paciencia y se encargan de satisfacer rápido para no estar en conflicto.

Ya lo decía Julio César: “La ira furor breve es”. Como llega, se va, los niños y adolescentes también se cansan lo que pasa es que no los dejan cansarse, porque piden y tienen, lo logran porque los padres lo permiten y estos ceden para tener calma. La educación es un día a día de toma de decisiones, pensamientos, acciones, solución de conflictos, alegrías, tristezas, aprendizajes y  demostraciones.

El mejor consejo es nunca utilizar el chantaje para lograr obtener algo, no permitir ser objeto de los mismos, controlar las relaciones entre padres e hijos, mantener un contacto de amabilidad y firmeza, aprender a negociar y comunicarse con asertividad son herramientas muy poderosas en la educación de los hijos que conducen al éxito y harán de los padres personas capaces de poner límites y normas  que se traducirán en libertad y seguridad.

Compartir esta publicación:
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *