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CARTA A LA HIJA DE MI ESPOSO

La palabra madrastra no siempre nos hace imaginarnos cosas buenas, de hecho hay muchos que lo asocian al cuento de cenicienta y ya sabemos cómo era aquella madrastra.  Pero a quienes nos ha tocado ejercer de madre sin serlo, y que además lo hemos hecho desde el corazón porque deseamos que esas personas que no escogimos como hijos pero que por circunstancias de la vida entran a nuestras vidas y dependen en cierta parte de nosotros para que se formen y lleguen a ser seres de éxito, este término se nos convierte en etiqueta, reto y hasta ilusión. Por esto y mucho más escribo esta carta a la hija de mi esposo.

Nunca quise ser madrastra, quienes me conocen lo saben, siempre estuve en contra de tener novios e inclusive pretendientes con hijos, para mi aquello era  tan malo como las drogas o más, si conocía a un hombre y me decía que tenía hijos, aunque estos no vivieran con él, me apartaba y desaparecía, era algo ya automático en mí.

Cuando llegue a conocer a España en el 2011 y en aquella oportunidad conocí a mi actual esposo, me conseguí con la sorpresa de que no solo tenía 2 hijos, sino que además vivían con él. No puedo explicar el montón de virtudes o sentimientos que me produjo para que yo olvidara ese detalle y decidiera tener una relación.  Todo comienza aquí…y hoy en Diciembre del 2017, le escribo esta carta a su hija mayor.

Para ti Natalia:

Nunca te quise en mi vida, no te planifique, no eras parte de mis planes, no estudie, trabajé ni hice dinero para venir a cuidar de ti, de tu casa ni a enseñarte cosas, no me forme en las mejores Universidades ni fui una profesional exitosa para darte el ejemplo, eso no era parte de mis planes, siempre me imagine en un hogar diferente con cosas diferentes y personas diferentes.

Pero, ¿sabes qué?, llegaste porque eres parte de tú padre, te conocí porque eres su hija, te acepte y ame porque lo acepte y amo a él, y cuando uno se enamora y decide casarse y formar un hogar lo hace con todas las virtudes, defectos y la vida de los dos con pasado, presente y la ilusión de un fututo.

Dudo que alguna vez me haya imaginado educando a una niña de ya 10 años, con ganas de comerse el mundo, con una personalidad difícil un carácter fuerte, rebelde, explosivo, pero niña, con una experiencia de vida también dura para su edad. Apuesto a que tú tampoco te imaginaste siendo parte de la vida de tu padre con otra mujer que no fuera tu madre, pero nos tocó.

Ese daño, rabia y resentimiento que expresabas hacia mí porque en casa empezaron aparecer  hábitos de higiene, de estudio, normas de educación y convivencia se convirtieron día a día en mi escuela para aprender a educar a dos personas que no eran mis hijos, que ni siquiera quise que lo fueran pero que estaban allí y que no podía dejarlos ir solos al colegio, a los cumpleaños, que no se ducharan, dejaran de hacer los deberes, no recogieras la habitación o no saludaran con respeto y cariño.

Afirmo que mis deseos en aquella época no eran ni siquiera ser madre fíjate que José Vicente nace en el 2014 y eso es porque NO ERA MI PLAN SER MADRE y que te quede claro tampoco quise ni quiero ser la tuya, solo la de JOSE VICENTE, pero me toco educarte con lágrimas, risas, conversaciones y discusiones. Aunque no lo sepas o no te lo hayamos dicho tú padre y yo han sido años muy duros, llenos de noches sin dormir, lágrimas de dolor y angustias.

Sufría porque sabía que tú no eras feliz, que querías que yo me fuera de aquí y os dejara en paz como se dice. Pero el amor por tu padre y mi compromiso con él para hacer de ti y de tú hermano dos seres de bien pudieron más que mi propia PAZ INTERIOR. Desde el 2011 estudio mucho sobre a educación, disciplina, conducta de los niños y adolescentes, he puesto en práctica un sin fin de herramientas y estrategias unas mejores que otras pero todas desde mi corazón de madre, ser humano y responsable que soy.

Cuando eras niña recuerdo que eras como un volcán explotabas y quedabas tranquila, me reía por dentro porque tan pronto le decías a tu padre ¿Cuándo se va esa de aquí?, como tan pronto me decías ¿Ada hacemos magdalenas? Luego fuiste creciendo entraste al instituto, te desarrollaste, pero esta vez de verdad porque fueron desde tu interior tantas las veces que querías hacerte mayor…te ayude con las recomendaciones de la pediatra a adelgazar, vaya momentos aquellos que comías hasta escondida, pero se pudo, quedaste guapísima. Aprobaste primero de la ESO y estaba tan orgullosa de ti y de mí que no me lo podía creer.

Luego vino el año más duro segundo de la ESO, en el que más sufrí, llore, me frustre porque no podía ayudarte ya eras una adolescente estabas por el camino equivocado y no te pude ayudar no hubo estrategia que no aplicáramos tu padre y yo para que te salvaras de perder un valioso año de tu vida, pero pudiste tú más, repetiste. Mis lágrimas y dolor no eran por lo que me hacías y decías sino porque yo que conozco algo más que tú de la vida sabía que te estabas haciendo daño.

En mi embarazo fuiste dura, cruel y mal intencionada, si,  te lo digo con toda la sinceridad del mundo tu inclemencia no era ni congruente con el ejemplo que tenías en casa ni acorde con todo lo que yo hacía por ti, hablabas de José Vicente como un bastardo, hermanastro en una ecografía le dijiste inclusive cosa fea, pero sabes nada de eso me hizo tampoco odiarte, por el contrario me daba mucho sentimiento ver como aún no eras capaz de reconocer y aceptar que Dios tiene planes para nosotros que exceden los nuestros y que José Vicente tampoco decidió venir al mundo a tenerte de hermana ni es culpable de tenerte.

Aprobaste la segunda vez que cursaste 2 de la ESO, y llegaste a reconocer que te arrepentías de haber repetido (recuerdo que fue en la cocina y por dentro brincaba de alegría era un acto de madurez de tu parte), cursaste 3, y así hasta que acabaste. Tu padre y yo cada día hablábamos de tus avances, de tus virtudes y como no de tus áreas de mejoras que como todos tenemos siguen siendo muchas.

Al nacer José Vicente parece ser que no te incomodaba tanto, ayudabas y hasta cariño le demostrabas tanto que para él sigues siendo SU TATA. No lo llamas, quizás no preguntas por él pero los valores que hay en esta mi familia a la que aunque quieras o no has pertenecido se le quiere y se respeta a sus miembros, cosa que él con 3 años ya lo sabe.

Ya tienes casi 18 años déjame decirte que gracias, gracias porque has sido mi Universidad porque por lo difícil que fue llevar un hogar en armonía sin gritos, con disciplina y amor aprendí a ayudar a padres y madres que pasan por momentos igual, peores o mejores que los que pasamos nosotros y que al verte feliz, donde quieres estar, viviendo la vida que quieres vivir, me siento en PAZ conmigo misma porque sé que lo he hecho muy bien.

Como te lo dije en verano todo lo que hicimos aunque en su momento no lo creyeras, lo hicimos para que fueras una mujer de bien, que se respete a sí misma, sin vicios, con principios y valores,  responsable, buena persona con sentimientos de solidaridad, humildad y cariño hacia la gente, así como cuando discutías con tu hermano y te decía amaros que sois dos hermanitos que se quieren mucho…¿lo recuerdas?

Te deseo un mundo de cosas hermosas, eres parte de mi porque eres pare de tu padre y de mi hijo, solo por eso ya te tengo te amar y a lo que se ama se cuida y se le desea el bien, brilla como una estrella y cuídate como un diamante. Aquí siempre para lo que necesites.

Lo importante de esta carta no es tanto lo que expresa sino el nivel de comunicación, al tener ella la edad que tiene ya uno puede conversar en un nivel de adulto a adulto en donde por igualdad se entienden las palabras, sentimientos y emociones, cuando somos padres muchas veces nos limitamos a hablar desde la postura paternalista y ahí nos quedamos, nuestros hijos crecen, y la comunicación se rompe cuando seguimos ahí enganchados en que somos los que más sabemos, en actuar como directores de nuestras vidas y de las de ellos.

Existen tres perspectivas en las que nos podemos comunicar paternalista, adulto, niños, cuando son niños es normal hablar desde la primera y la última, pero cuando los hijos están cercanos a la adolescencia debemos cambiar el chip y comunicarnos de adulto a adulto.

Os invito a analizar como os comunicáis con vuestros hijos, a que os digáis las cosas buenas y malas y a que os animéis a mejorar la comunicación.

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