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AUTOESTIMA Y AUTOCONOCIMEINTO

Y dijo R. Schüller: Cuando aprendemos a conocernos, en verdad vivimos. Y como no estar de acuerdo con ella cuando el autoconocimiento y la autoestima son el resultado de un proceso reflexivo mediante el cual los individuos adquirimos la noción de lo que somos como persona, de nuestras cualidades y características.

Como todo proceso, también tiene fases, como: autopercepción, autoobservación, memoria autobiográfica, autoestima, autoaceptación.  El autoconocimiento es la base de la autoestima (concepción que tenemos de nosotros mismos). De ahí la importancia del autoconocimiento para el desarrollo personal.

Uno de los trabajos más importantes de los padres implica enseñar a los hijos a tener la capacidad de tomar decisiones significativas para su vida y específicamente, educar para que las decisiones que tomen afecten positivamente a su futuro.

La adolescencia es un período importante y de indecisión, por lo que, con una intervención adecuada podremos conseguir que nuestros hijos se conozcan más, se valoren más, sean capaz de tomar por sí mismo decisiones que le comprometan, y que lleguen a alcanzar el desarrollo y madurez en cada etapa de su vida.

Y muchos se preguntaran, ¿Qué ocurre cuando llegamos a la edad adulta y no se nos enseñó esto?, pues nos toca a nosotros como dueños de nuestra vida marcar nuestro propio aprendizaje, cosa que aunque nos hayan educado así, nunca debemos dejar de aprender, practicar y seguir autoconociéndonos.

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, el juicio que hacemos de nosotros mismos, de nuestra manera de ser, de quienes somos, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran en nuestra personalidad, determina esa manera  que tenemos de percibirnos y valorarnos y moldea nuestras vidas.

Influye en la toma de decisiones y es fundamental para nuestro desarrollo personal, recuerdo que cuando he trabajado los temas de violencia de género, detrás de cada víctima hay un autoestima muy bajo. Si una persona piensa que no es competente, no se esforzará en hacer bien las cosas porque creerá que no es capaz y, además, será infeliz muy inclusive sin saberlo.

En relación a la autoestima las personas debemos ser muy cautelosas, si un individuo tiene una autoestima alta, se comportará de forma agradable, será cooperador, responsable, su rendimiento será mayor y facilitará el trabajo de formación. Por el contrario, si su autoestima es baja, tendrá repentinos cambios de humor, se sentirá desconfiado, reprime sus sentimientos, será poco cooperador y poco responsable, pues niega o evade sus dificultades y culpa a los demás por lo sucedido. Así, frente a las dificultades se volverá más provocador y desafiante ante cualquier acción para cambiar su situación.

En la formación de la autoestima, influyen dos aspectos y de aquí que quienes somos padres pongamos mucha atención en esto y quienes no lo tengan presente para su propio crecimiento personal:

  • El autoconocimiento que tengamos de nosotros mismos: El autoconocimiento y la autoestima juegan un importante papel en la vida de las personas. Los éxitos y los fracasos, la satisfacción de uno mismo, el bienestar psíquico y el conjunto de relaciones sociales llevan su sello. Tener un autoconocimiento y una autoestima positivos es de la mayor relevancia para la vida personal, profesional y social. El autoconocimiento, influye en el rendimiento, condiciona las expectativas y la motivación, y contribuye a la salud así como al equilibrio psíquico.
  • Las expectativas, es decir, cómo a la persona le gustaría o desearía ser: Éste aspecto viene influenciado por la cultura en la que estemos inmersa. El concepto de nuestra valía personal y nuestras capacidades se basan en la acumulación de sentimientos, pensamientos, experiencias y vivencias tenidas a lo largo de nuestra vida. Desde niños vamos construyendo nuestra propia imagen y autoconcepto acorde a los mensajes, que recibimos de nuestros padres, hermanos, amigos y, hoy en día, de todos aquellos personajes famosos que, por contagio de masas, se convierten en cánones a seguir y conseguir por parte de niños, adolescentes y jóvenes.

Por otro lado nos conseguimos con el autoconocimiento, primera competencia a desarrollar según el modelo que trabajo en inteligencia emocional y primordial para todo el éxito personal de una persona. Esta competencia no es más que la capacidad de responder quien soy yo, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos. Es lo específico de la persona, la consecuencia de sí mismo. Nuestra esencia.

Nos identificamos y evaluamos, no es fácil tener un autoconcepto claro. Esta disposición personal establece la autoestima.  De todos los juicios a los que nos sometemos, ninguno es tan importante como el nuestro propio. La imagen que nos vamos haciendo de nosotros mismos se construye desde el momento en que nacemos a través de la interacción que tenemos con nuestra familia, especialmente con la madre.

A partir de estas relaciones se va desarrollando un proceso de percibirse a sí mismo como una realidad diferente a los demás. La valoración de la imagen que tenemos de nosotros mismos depende de la forma en que nos valoró nuestra familia.  Una persona con autoconcepto limitado de sí mismo suele sentirse incómodo con su apariencia física, tiene un deseo excesivo por complacer a los demás, se siente víctima de las circunstancias, tiene dificultad para expresar sus sentimientos, da excesivo interés o poca importancia a la ropa, busca agradar a los demás.

Por el contrario, una persona con buen autoconcepto confía en sí mismo, no tiene temor a separarse de las personas, se siente bien frente a cualquier cambio, no le tiene miedo a las críticas, se hace responsable de sus propias acciones.

Todo esto es blanco o negro, pues no, tiene sus matices que se van suavizando a medida que nos pulimos como una piedra preciosa, ósea a medida que más nos conocemos y nos aceptamos. Cuando tenemos claro nuestros valores y nuestra valía y por supuesto cuando reconocemos que somos producto en ocasiones de nuestras circunstancias, pero que no nos vemos como víctimas y si como aprendices, contribuiremos a florecer cada vez nuestro propio éxito que parte de ese autoconocimiento y necesita de esa autoestima.

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