mindfulness

AGILIDAD EMOCIONAL

Susan David, profesora de Harvard, instructora de Psicología Clínica y autora del libro “Agilidad Emocional”. La define como: “La capacidad de aprender a vivir para estar en contacto de forma saludable con nuestros pensamientos, emociones e historias.

Esto es fascinante porque hace mención a algo muy importante que es la historia de vida, todos tenemos una, algunas más agradables que otras, pero reales, son parte de la vida y de las circunstancias de cada persona, no hay que olvidar que de una u otra forma estas historias a veces han condicionado el desarrollo de los individuos.

En términos generales podemos decir que la agilidad está relacionado con la cualidad de ser flexibles y de adaptarnos, Susan propone en su libro que aprendamos varias cosas:

  • No somos nuestra emoción, la emoción es la respuesta fisiológica a un estímulo y recibimos señales antes de reaccionar. Podemos empezar por aprender a reconocer por ejemplo cuando nos estamos enfadando.
  • Vivimos en una tiranía de positividad. Totalmente cierto, un gran ejemplo cuando empezamos la pandemia del Covid-19, en pleno confinamiento se inundaron las redes sociales de mensajes de positivismo y optimismo, sin poner muy bien los pies en el suelo ante la situación que se vivía. Todo parecía que pretendían aislar a cada individuo en una burbuja de felicidad.
  • Las emociones son datos, no órdenes. Muy relacionado con la primera, ella dice que hay que estar pendiente sobre esos datos que nos envía nuestro cuerpo para poder desarrollar nuestra agilidad emocional. Es como en Yoga, hablamos de escuchar nuestro cuerpo para poder conseguir flexibilidad y calma en una postura y convertirla en asana.

Este interesante libro nos propone cuatro pasos para poder obtener esa agilidad emocional que todos necesitamos para tener una vida equilibrada:

  • MOSTRAR. Consiste en contemplar nuestras emociones con curiosidad y cariño. Hay que esforzarse por entender lo que nos quieren decir nuestras emociones. Esto lo hemos hablado muchas veces en mindfulness y meditación, al igual que en inteligencia emocional. Por ejemplo que me quiere decir mi cuerpo a través de una agitación en el corazón, o sudoración en las manos.
  • SALIR. Hay que observar con distancia la imparcialidad. Aprender a soltar la cuerda, a ser compasivos con nosotros mismos, como lo somos con quienes nos rodean. Nos habla en su libro de dos formas de lidiar con las emociones: embotellarlas o incubarlas. La primera de ellas llevara a la persona muy probablemente a la depresión o ansiedad, la segunda nos prepara para aprender andar sobre ellas, como un surfista sobre las olas, sin sumergimos y perdernos.
  • PASEAR LOS POR QUÉ. Hay que conectar con nuestros valores personales, aquellos que son parte de nuestro centro en la vida, que nos ayudan o no a cumplir metas. Muchas veces nos tropezamos con la misma piedra cantidad de veces sin saber porque eso ocurre, y es que la falla puede estar en que vamos en un sitio que no es compatible con nuestros valores. Por ejemplo: Trabajo de vendedora en tres zonas, tengo muy buenos resultados y gano muy bien, pero me siento cansada y desdichada y no sé por qué, la respuesta está en que puede ser que yo valore estar cerca de la familia y mi trabajo me lo impida.
  • AVANZAR. Para poder avanzar en cualquier cosa que nos proponemos tenemos que introducir nuevos hábitos, pequeñas mejoras impregnadas de valores y esto no es fácil. El mejor ejemplo son las dietas, muchos las quieren milagrosas de días y ya, pero el secreto para los que si les funciona, es que ese avance lo consiguen cambiando el estilo de alimentación, de vida y a largo plazo, cosa que no todo el mundo está en disposición de hacer.

La invitación a la reflexión, a leer este interesante libro, a realizar una bonita toma de conciencia y a pensar en cambios positivos, no os dejéis llevar por esto que alguien dijo: “Hay pensamientos que invaden mis acciones”. Muchas veces nuestros pensamientos son creaciones no del todo beneficiosas.

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